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CON EL MAR DE FONDO

Parece fácil comenzar a escribir sobre el camino… pero uno se encuentra, inevitablemente, conociendo el principio y sabiendo que vivir el camino es el fin.

A los 15 años comencé casi sin querer, el camino en Reiki. Liliana ponía sus manos en mí y, entre brechas de silencio en mi mente, aparecían imágenes en colores suaves, fotos internas de personas que por diversas razones, estaban ocultas en un lugar muy profundo de mi corazón, quizá tapadas por la ignorancia, la confrontación y la no-aceptación. Cuatro sesiones, decía Liliana… y en cada sesión yo llegaba a mi casa y descansaba cada vez más profundo…. Y esa sensación que te rodea cuando la energía de Reiki toca tu ser, esa contención, ese amor, ese abrazo de corazón a corazón, esa sanación es la que cada vez sentía más y más cerca.
Las ganas de aprenderlo ya eran muy claras y por allí conocí a mi primer maestro con el cual hice el Primer y Segundo Nivel y recibí energía de sus manos durante casi dos años. Y durante ese momento, la meditación se cruzó casi accidentalmente. Un miércoles queriendo ver que era, comencé a reunirme con mi maestro y un grupo de gente… un grupo de seres de diversas edades, todos mas o menos en el camino. Algunos comenzábamos, otros ya habían caminado bastante…

En un piso de un edificio y todos los miércoles nos reuníamos. Meditaciones con tambor, desde abajo, mostraban realidades nunca sentidas. Emociones, saltos, gritos y silencio… “Lo que es adentro es afuera” – decia mi maestro. Y allí se comenzó a derrumbar una pared pintada con varios colores: viejos enojos, celos escondidos bajo una máscara, un cuerpo tenso ocultando lágrimas de niño y la verdad empezó a ser la protagonista. Allí conocí a mi corazón… A lo que es sentir.
Dos años después, cuando el grupo se desarma, Karuna Reiki se cruzó en mi camino y lo recibí por parte de quien fue mi maestro y ahora no sólo es un maestro desde su simple caminar, sino un amigo-hermano-compañero de ruta… Nicolás… Volviendo a contarles: con él aprendí el Tercer Nivel, Karuna y poco mas tarde la vida -por diversas cuestiones que la mente no entiende – me acercó la oportunidad de recibir la Maestría de Reiki. El paso necesario para poder enseñarlo!! Que alegría! Hay tanto para compartir!
Luego de un tiempito recibo la maestría de Karuna® Reiki y me dedico a darlo… junto con Reiki Usui. Pasados unos años, recibo Tera Mai 1 y 2, sistema que integro en cada tratamiento.

Con la necesidad de sentarme a sentir en mi corazón, aparece Osho y los chicos del Centro Amor, Sabina y Gabriel, que ahora andan por allí por Catamarca. Cuanta simpleza puesta al servicio del corazón. Cuánta humanidad y cuanta honestidad, sin disfraces. En fin, meditaciones activas de Osho, palabras en el momento justo, renacimiento y respiración holotrópica guiada por Gaby y esa sensación de estar todos en el mismo camino….. que antes jamás sentí… En fin…. Ellos son el gran ejemplo de que hay muchos Maestros, una piedra, un arbol, un niño, un abuelo, una estrella… Si estamos vibrando con nuestro latido del corazón, el mensaje es claro y la experiencia es única. Nuestro Padre habla por todos sus seres.

Es inevitable que la cualidad de la meditación se expanda en cada espacio de nuestra vida e inunde de felicidad y nos muestre aquello que sentimos que amamos y vinimos a hacer. Mientras apoyaba mis manos con Reiki en personas que se acercaban, sentí la necesidad de tocar más profundo… y allí es donde dije: ¿y ahora qué? – Digitopuntura, resonó por allí… Y dos años después, mi corazón late cada vez mas fuerte cuando mis manos tocan la piel de un hermano y suspira con alivio y se abre en confianza: regala su corazón con todo su cuerpo, me deja acariciar sus enojos, sus miedos, su tristeza y su alegría, y mi corazón, rebosante de pasión siente que está vivo… Y allí, allí ya no hay mas palabras: sólo queda agradecer al Padre por esta vida y agradecerte a vos por haber llegado hasta aquí, invitándote a regresar a nuestro centro, juntos.

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